Tal vez una de las palabras que más se oyen (o leen) en Internet es precisamente la que tenemos en el título de este post, crowdsourcing. Podríamos considerar el crowdsourcing como una modalidad de teletrabajo que consiste en que una empresa u organización pide a personas anónimas ayuda para desarrollar alguna de sus tareas, ya sea por algún canal de comunicación propio o a través de webs especializadas. Simplificando mucho, sería un trabajo en el que una multitud de personas (crowd) soluciona problemas (sourcing).
Como podéis imaginar, este tipo de relación, si bien es beneficioso para ambas partes, no siempre termina bien. Veamos los peligros del crowdsourcing.
Uno de los riesgos es que las compañías no paguen suficientemente a las personas que les realizan las tareas, aunque estas sí que trabajen. También existe el peligro contrario, en el que las personas no se comprometan y dejen los encargos a medias.
Hablemos pues de las ventajas del crowdsourcing. Los portales intermediarios escogen las mejores soluciones para las necesidades de cada organización, por lo que esta se beneficia de una mayor afluencia de ideas. Un ejemplo sería cuando una marca pide a sus usuarios que elijan cuál será el nuevo sabor de su producto y el elegido gana un premio, pero hay numerosos ejemplos hoy en día.

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